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Universidad Nacional de Córdoba
Mirar televisión, abrir un diario, escuchar un programa de radio, en el contexto
Argentino actual es enfrentarse con una selva de símbolos que nos remiten a “la violencia”.
Mujeres violadas, delincuentes que secuestran y torturan a sus víctimas, policías que matan,
roban, torturan, menores que amenazan con sus armas, espacios de las ciudades que no
pueden ser visitados, miedo, desconfianza, inseguridad. Sensaciones, sentimientos,
sufrimientos.
Este caos de representaciones sobre la violencia tiene a ciertos partícipes como actores
y víctimas centrales. Los jóvenes y excluídos son, en general, el centro de la represión policial
y los principales ejecutores de los delitos. Una de las soluciones posibles que siempre agitan
al poder público es la que otorga "carta blanca" a la policía y apela a la auto-defensa de la
sociedad civil. Por otro lado, más allá de las singularidades de este nuevo tiempo del“problema social de la violencia” en Argentina, a menudo nos topamos con evidencias que
señalan relaciones de este presente con las concepciones que predominan para recordar y
enunciar la violencia de Estado de la última dictadura militar. Estas relaciones históricas son
reconocibles en las categorías utilizadas para representar la memoria actual y las estrategias
para reaccionar y actuar ante fenómenos considerados violentos.
Con esta experiencia del pasado, las fuerzas de seguridad no son, en general,
observadas ingenuamente (da Silva Catela, 2001). Podemos referirnos a una especie de
anticipación práctica que hace que ante cualquier hecho de violencia aquéllas sean apuntadas
entre los principales agentes promotores o instigadores de actos “violentos”. De esta manera,
en la actualidad es casi imposible pensar la relación de las fuerzas de seguridad y los
ciudadanos frente a las situaciones de violencia sin una referencia o esbozo, en clave de
continuidad estructural, de vínculo con la década del ´70 y especialmente con el terrorismo de
Estado.
Uno de los hechos sobresalientes de los últimos años es el progresivo descubrimiento
de la ley y el derecho por parte de diversos actores políticos, de ciudadanos incluidos y
excluidos, descubrimiento que lleva a algunos actores a un uso estratégico de lo legal y lo
judicial "como espacio de acción política de los ciudadanos".
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